Roadster volador: producción en 2028 y vetos en varios países

Vista frontal simétrica del Tesla Roadster en un hangar de hormigón, con toberas de propulsión y luz fría de ventanal

Vista frontal simétrica del Tesla Roadster en un hangar de hormigón, con toberas de propulsión y luz fría de ventanal

Elon Musk puso fecha este lunes 19 de octubre de 2026 a la promesa más extravagante de Tesla: el Roadster con capacidad de vuelo entrará en producción en 2028. Y añadió una advertencia que ningún fabricante había pronunciado antes sobre un coche de calle: el vehículo no será legal en todos los mercados, según recogieron Anadolu Ajansı el 19 de octubre y Gazete Oksijen el 20 de octubre. Es la primera vez que la compañía admite por escrito que su deportivo volador nacerá con fronteras comerciales cerradas.

📌 Lo más destacado hoy

  • 2028 es la fecha que Musk da para el inicio de producción del Roadster de segunda generación, nueve años después de su presentación en 2017.
  • Musk reconoció que el coche no está «optimizado para la seguridad», lo que abre dudas sobre su homologación como turismo.
  • El prototipo acelera de 0 a 97 km/h en menos de un segundo y supera los 370 km/h, según Lars Moravy, jefe de ingeniería de vehículos de Tesla.
  • La autonomía anunciada es de más de 480 km (300 millas), menos de la mitad de los 1.000 km que Musk prometió en 2017.
  • Las reservas exigen depósitos de 50.000 dólares (versión Performance) y 250.000 dólares (versión Thrust), sobre un precio base fijado hace una década en 200.000 dólares.

2028, sí, pero con fronteras: qué significa «no será legal en todos los mercados»

La presentación se celebró en las instalaciones de pruebas de cohetes de SpaceX en McGregor (Texas), donde un robot Optimus condujo el biplaza boca abajo por una rampa gracias a un sistema de succión, giró en el aire y aterrizó con sus propulsores integrados, según la crónica de RTVE.es (16 de octubre de 2026). El mismo sistema sirvió después para saltar por encima de un camión.

La frase clave llegó al final del acto. Musk admitió que el Roadster no está necesariamente «optimizado para la seguridad», un reconocimiento poco habitual en un lanzamiento de producto y que, unido a la mención de los mercados vetados, sitúa el debate donde realmente está: no en si el coche vuela, sino en si puede matricularse. Un turismo que despega del asfalto deja de encajar en las categorías homologatorias vigentes en prácticamente todo el mundo.

Conviene separar hechos de ruido. Confirmado: la fecha de 2028, la arquitectura de propulsores desarrollada con tecnología de SpaceX y la renuncia expresa a venderlo en todos los países. No confirmado: el número exacto de propulsores, la presión de trabajo de los depósitos de gas, el precio final y las fechas de entrega por mercado. Tesla no detalló ninguna de esas cifras durante el acto.

Los mercados que pueden decir no: de la NHTSA a Pekín

Estados Unidos es el primer candidato a la excepción. La Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras (NHTSA) exige que todo vehículo a motor cumpla las normas federales FMVSS, entre ellas las de protección de ocupantes e integridad estructural en caso de vuelco. Un coche capaz de impulsarse en el aire con gases a presión introduce variables —empuje vertical, estabilidad en vuelo, eyección de gas— que ninguna de esas normas contempla.

China, el mayor mercado mundial de coches eléctricos, homologa a través de los estándares GB del Ministerio de Industria y Tecnología de la Información (MIIT), históricamente más restrictivos con cualquier solución que se salga del perímetro del vehículo. Y Reino Unido, cuyo sistema de homologación GB se desacopló del europeo tras el Brexit, gestiona sus propias exigencias a través de la Vehicle Certification Agency (VCA).

La paradoja es que el mercado que más interés despierta —el europeo— es también el que cuenta con el marco más rígido. La Unión Europea no tiene ninguna categoría de vehículo que contemple el despegue motorizado.

Qué exigiría Bruselas a un coche con propulsores de gas

La puerta de entrada es el Reglamento (UE) 2018/858, que fija la homologación de tipo y remite a los reglamentos UNECE para cada sistema. Un Roadster volador tendría que superar, como mínimo, el UNECE R94 y R95 de choque frontal y lateral, el R127 de protección de peatones —con un frontal que, en el prototipo, alberga bocas de propulsión— y el R100 sobre seguridad de la batería eléctrica. Ninguno de ellos evalúa un depósito de aire a ultraalta presión como elemento de propulsión en un turismo: el reglamento específico para recipientes de gas a presión en vehículos, el UNECE R134, se diseñó para el hidrógeno, no para un sistema de empuje vertical.

A eso se suma la capa aeronáutica. Cualquier dispositivo que se eleve del suelo entra en el ámbito de la aviación civil: en Europa, la Agencia de la Unión Europea para la Seguridad Aérea (EASA); en España, la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA). Un vehículo de doble naturaleza necesitaría una doble certificación —vehículo de carretera y aeronave— para la que hoy no existe procedimiento armonizado.

El texto del propio Musk apunta en esa dirección: habló de superar la mitad de la velocidad del sonido, una barrera que ronda los 1.235 km/h, sin explicar por qué vía podría circular un coche a esa velocidad salvo que el plan sea volar de forma permanente, tal como recogió RTVE. La tercera variante de la página de reservas, bautizada «Rocket» y accesible «solo por invitación», se describe como un monoplaza con «sistema de vuelo completo».

Las cifras que sí ha confirmado Tesla

Más allá del espectáculo, el prototipo maneja números concretos. Lars Moravy, jefe de ingeniería de vehículos de Tesla, cifró la aceleración de 0 a 97 km/h en menos de un segundo y la velocidad máxima por encima de 370 km/h. La autonomía anunciada supera los 480 kilómetros con una carga, muy por debajo de los cerca de 1.000 km que la compañía prometió en 2017 y menos de la mitad de lo que publicitó entonces.

El capítulo económico sigue abierto. Tesla no comunicó precios en el acto y mantiene, como referencia, una tarifa base de 200.000 dólares fijada hace casi una década; la web de reservas pide 50.000 dólares de depósito para la versión Performance y 250.000 para la Thrust, equipada con «propulsores de aceleración». No hay tarifa en euros ni previsión de comercialización en España, y la compañía tampoco ha abierto un proceso de reserva para el mercado español.

El contexto industrial tampoco ayuda a la prudencia. El Roadster de segunda generación se mostró en 2017 con entregas prometidas para 2020; seis años después, la producción se traslada a 2028. Tesla acumula así casi una década de aplazamientos en un proyecto que, en paralelo, compite por recursos con el giro estratégico de la compañía hacia la conducción autónoma y la robótica.

Qué implica para el mercado español

España difícilmente verá un Roadster volador matriculado a corto plazo, y no por falta de demanda: el cuello de botella es normativo. El parque español de eléctricos puros crece con modelos de volumen —utilitarios y SUV compactos— y con una red de recarga que sigue siendo el principal freno para el comprador particular. Un vehículo de 200.000 dólares con doble certificación pendiente no tiene encaje en ese mercado, ni en el de flotas.

El efecto real de la noticia es otro: presiona a los reguladores. Si Tesla mantiene el calendario de 2028, Bruselas y los organismos UNECE tendrán que decidir antes si crean una categoría nueva para vehículos con capacidad de vuelo o si, simplemente, dejan fuera del mercado comunitario al Roadster. Esa decisión será más relevante para la industria que el propio coche.

Publicado: 20 de octubre de 2026

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