
El ministro italiano de Infraestructuras y Transportes, Matteo Salvini, aseguró el 28 de octubre de 2026 que ha mantenido una «conversación muy positiva y constructiva» con Elon Musk y que Italia respaldará una homologación rápida en la Unión Europea del sistema de conducción asistida de Tesla, el FSD (Full Self-Driving) Supervised. Lo anunció con un mensaje en X, la red social propiedad de Musk, y lo ratificó después en los Estados Generales de la Logística del Noroeste, celebrados en Génova, según la Repubblica. El movimiento llega después del respaldo alemán y sitúa la decisión técnica europea como el próximo examen real para Tesla.
📌 Lo más destacado hoy
- 28 de octubre de 2026: Salvini anuncia en X su conversación con Musk y su apoyo a una aprobación rápida del FSD en la UE.
- El ministro ordena a los técnicos de su departamento «abrir lo más posible las puertas» a la innovación «a normativa vigente».
- El FSD Supervised es un sistema de nivel 2: el conductor debe seguir vigilando la vía y asume la responsabilidad.
- Países Bajos, vía la autoridad RDW, autorizó el sistema en abril de 2026, pero esa luz verde no es válida de forma automática en toda la UE.
- Italia solo permite pruebas con el decreto «Smart Road» de 2018, con autorización ministerial, recorrido definido y seguro en vigor.
Salvini convierte una conversación con Musk en una posición de Gobierno
El vicepresidente del Consejo italiano no habló de un coche concreto ni de una versión de software, sino de política industrial. Ante los Estados Generales de la Logística del Noroeste, en Génova, Salvini explicó que ha dado instrucciones a los técnicos del ministerio para «abrir lo más posible las puertas, a normativa vigente, a las innovaciones», y añadió que «las empresas quieren invertir aquí», según recoge la Repubblica (28/10/2026).
El ministro reconoció que existen «vínculos aseguradores y de justicia civil y penal», pero sostuvo que esos condicionantes «no pueden cerrar las puertas al futuro». La formulación es deliberadamente amplia: permite a Roma alinearse con Berlín sin comprometerse a modificar el código de circulación italiano, un texto que hoy exige la presencia física de un supervisor a bordo y que, en la práctica, encarece cualquier servicio comercial sin conductor. El respaldo italiano se produce después del alemán, en una secuencia que el medio francés Numerama resumió el 28 de octubre de 2026 como el paso de Italia tras Alemania.
Qué se homologa exactamente: un nivel 2 con nombre ambicioso
El Full Self-Driving Supervised de Tesla no es conducción autónoma, pese al nombre comercial. Gestiona el volante, la velocidad, los cambios de carril y otras maniobras, pero el conductor debe supervisar la carretera y estar listo para intervenir. Esa definición lo sitúa en el nivel 2 de la escala SAE, con la responsabilidad jurídica en manos de quien va al volante, tal y como detalla la Repubblica (28/10/2026).
La distinción importa porque el debate político europeo mezcla dos discusiones distintas. Una es la del asistente avanzado que Tesla ya instala en Model 3 y Model Y y que aspira a venderse como software de pago en todo el continente. Otra, muy diferente, es la de los niveles 3 y 4, donde el sistema asume la conducción en condiciones definidas o dentro de áreas delimitadas y donde entran robotaxis, lanzaderas sin conductor y vehículos automatizados de logística. Salvini ha respaldado la primera, pero su intervención se ha leído en clave de la segunda.
El laberinto: homologación europea no equivale a permiso para circular
Bruselas fija los requisitos técnicos y de seguridad de los vehículos; los Estados miembros siguen regulando la circulación, los seguros, el acceso a las vías y las responsabilidades civiles y penales. Ese reparto explica que una autorización nacional no se traduzca en un permiso paneuropeo. El precedente más claro es Países Bajos: en abril de 2026, la autoridad RDW autorizó el sistema conforme a los procedimientos previstos, pero ese visto bueno no es automáticamente válido en toda la Unión, según la Repubblica. Tesla necesita, por tanto, una homologación comunitaria que después cada capital aplique sin añadir fricciones.
Italia ilustra bien esa brecha entre discurso y norma. La experimentación en carretera es posible desde el decreto «Smart Road» de 2018, pero exige autorización ministerial, itinerarios predefinidos, cobertura de seguro y un supervisor capaz de intervenir. Lo que no existe es una disciplina general que permita la difusión comercial de vehículos sin conductor. El propio Ejecutivo italiano tramita un nuevo código de la circulación que mantiene la presencia física a bordo, un requisito que, en la práctica, haría inviable el negocio de robotaxis y lanzaderas.
Alemania y Francia ya permiten usos acotados; la UE no ha liberalizado nada
Alemania y Francia admiten empleos automatizados en áreas o itinerarios específicos, con restricciones estrictas y fórmulas de supervisión. No existe, en cambio, una liberalización generalizada de la conducción autónoma en vías públicas europeas, y ese es el marco que Tesla intenta mover con su ofensiva regulatoria. La presión de Roma y Berlín no cambia por sí sola el estado del expediente técnico, pero altera el equilibrio político con el que los Estados se sientan en la mesa.
En ese contexto circulan dos datos que conviene manejar con cautela. Fuentes del sector sitúan en una decena los países que ya habrían autorizado el sistema con condiciones, y sitúan la decisión del Comité Técnico de Vehículos de Motor (TCMV) el 1 de diciembre. Ninguno de los dos extremos ha sido confirmado oficialmente por la Comisión Europea ni por Tesla a fecha de publicación, por lo que deben tratarse como información no verificada. Lo confirmado es la posición pública del Gobierno italiano y el precedente neerlandés de abril de 2026.
Lo que Tesla se juega en las próximas semanas
La compañía de Austin ha construido buena parte de su relato de valor sobre el software: el FSD es la palanca con la que pretende ingresar por encima del margen del coche. Sin un marco armonizado, cada país puede imponer condiciones distintas de responsabilidad, formación del conductor o registro de datos, lo que fragmenta el producto y encarece su despliegue. El respaldo de un ministro como Salvini, con peso político en la coalición italiana, aporta poco en el plano técnico y mucho en el simbólico: suma a un segundo gran Estado a la petición de celeridad.
Queda por ver si ese impulso se traduce en votos dentro del comité. Los fabricantes europeos y las aseguradoras mantienen reservas sobre la supervisión humana efectiva y sobre la trazabilidad de los datos en caso de siniestro, y cualquier aprobación llegará previsiblemente con condiciones: límites de uso, registro obligatorio de eventos y advertencias al conductor. Tesla ya comercializa el FSD en Europa con la etiqueta de función supervisada y pendiente de aprobación, de modo que el escenario más probable a corto plazo no es un permiso total, sino un marco común que permita activar el software por fases.
Lectura para el mercado español
España no figura entre los países que han dado un paso al frente en este debate y su marco sigue anclado en la supervisión humana, igual que el italiano. Si el comité europeo acaba fijando un paquete armonizado, la Dirección General de Tráfico tendrá que decidir cómo lo traslada a la normativa nacional, y ahí entra en juego algo más que el FSD: la homologación de los sistemas de nivel 3 y 4 condiciona también la futura regulación de flotas automatizadas y de servicios de reparto. Para el comprador español de un Tesla, la consecuencia práctica es que la activación plena de funciones seguirá dependiendo de una decisión que se toma en Bruselas y se ejecuta en Madrid, no del coche que tenga en el garaje.
Publicado: 30 de octubre de 2026