Tesla no atraviesa su mejor momento, y lo que hasta hace poco parecía un dominio asegurado del mercado del coche eléctrico empieza a resquebrajarse con datos contundentes y decisiones drásticas. La compañía que un día prometió cambiar la industria desde sus cimientos ha cerrado el primer trimestre de 2025 con una caída global del 13% en sus ventas, y en mercados clave como Europa, el retroceso ha sido todavía más duro: un desplome de hasta el 45% interanual en enero, según datos del sector.
Este retroceso no ocurre en un vacío. Mientras Tesla pierde fuelle, el mercado global de vehículos eléctricos sigue creciendo con un ritmo del 15% anual. La paradoja es evidente: la demanda sube, pero Tesla no consigue mantener el pulso. La irrupción de marcas chinas como BYD, con una oferta cada vez más diversificada y agresiva en precio, ha hecho mucho daño. BYD, por ejemplo, ya ha superado en producción trimestral a Tesla en varias ocasiones, y empieza a consolidarse como un rival más que serio también fuera de China.
Pero los problemas no son solo externos. La marca Tesla arrastra una imagen cada vez más desgastada, en parte por la omnipresencia mediática de Elon Musk, su CEO. Su actividad política, sus choques públicos con líderes como Donald Trump y su discurso polarizante en redes sociales están pasando factura. En EE.UU., múltiples campañas de boicot y descontento han ganado fuerza. Y en Europa, donde el consumidor es especialmente sensible a este tipo de cuestiones, el deterioro de la percepción de marca es evidente.
La reacción desde la cúpula de Tesla no se ha hecho esperar. En las últimas semanas se han producido varias salidas relevantes, siendo la de Omead Afshar la más destacada. Afshar, hasta ahora responsable de las operaciones de ventas y manufactura en América del Norte y Europa, y una de las figuras más cercanas a Musk, ha abandonado la empresa. Aunque no se ha confirmado si fue un despido o una renuncia, todo apunta a que su marcha ha sido forzada como respuesta interna a los malos resultados.
La salida de Afshar no es un caso aislado. En lo que va de año, Tesla ha prescindido de varios altos cargos, en lo que ya se interpreta como un ajuste profundo en la estructura interna de la empresa. Los recortes de personal, los cierres temporales en algunas líneas de producción y la reorganización de equipos evidencian que Tesla busca un nuevo rumbo ante una coyuntura que amenaza con poner en entredicho su papel como líder tecnológico.
De fondo, varios inversores han empezado a manifestar su malestar con el propio Musk, no solo por sus salidas de tono, sino también por su aparente desconexión de la gestión diaria de Tesla. Mientras él centra esfuerzos en otras compañías como X (antes Twitter) o SpaceX, la sensación entre algunos accionistas es que Tesla ya no es su prioridad, algo difícil de aceptar en plena caída del negocio.
Por si fuera poco, el mercado espera con atención los próximos movimientos de la marca. En abril se anunció una rebaja de precios en varios modelos, pero la jugada no ha tenido el impacto esperado en Europa, donde la competencia es feroz y los incentivos públicos al coche eléctrico han disminuido en países clave como Alemania y Francia. A esto se suma el retraso en el lanzamiento de nuevos productos, como el Model 2, que muchos esperaban para este año y ahora se aplaza, según varias fuentes, a 2026.
Tesla necesita algo más que ajustes de plantilla o rebajas puntuales para retomar el pulso. Debe reconstruir su relato, reconectar con el cliente y recuperar la iniciativa tecnológica que en su día marcó el camino.